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Durante los últimos veinticinco años, múltiples acontecimientos en Chile han cuestionado la integridad de organismos públicos, privados,  corporaciones estatales y autoridades. Pese a los cambios de gobierno, la alternancia de actores y las variaciones del contexto, subyace un patrón de conducta recurrente.

Por lo general, el origen de estas crisis no se debe a un fraude inmediato o a una sanción repentina, sino que se gesta con bastante anterioridad debido a causas como:

  • Resoluciones adoptadas sin disponer de los antecedentes completos.
  • Conflictos de interés que no fueron advertidos oportunamente.
  • Ausencia de una evaluación exhaustiva y rigurosa sobre terceras partes.
  • Mecanismos de control y supervisión que dejaron de ejecutarse.

Analizar estos hechos desde la perspectiva del compliance revela una lección evidente: aunque las amenazas se transforman, los factores desencadenantes persisten en el tiempo.

Por este motivo, una estrategia de cumplimiento verdaderamente eficaz va más allá de la mera recopilación documental o el acatamiento normativo rígido. Su propósito fundamental radica en prever amenazas, monitorear los cambios regulatorios y suministrar datos confiables para respaldar las decisiones estratégicas.

Frente a este escenario, cualquier institución -pública o privada- debería plantearse la siguiente interrogante clave:

¿Contamos con un conocimiento profundo y auténtico acerca de nuestros proveedores y socios comerciales?, ¿somos capaces de advertir un conflicto de interés previo a su impacto en una resolución?, ¿Con qué mecanismos de control con carácter preventivo  contamos o actuamos únicamente de forma reactiva ante el hecho consumado?

Sin duda, la solidez de la confianza no se consolida en el momento en que emerge una crisis. Se forja de manera anticipada, fundamentada en el monitoreo permanente, la trazabilidad y la transparencia de los procesos.

De muestra, un botón. A continuación, presentamos una revisión con las principales amenazas a la integridad y las controversias de conflicto de interés que caracterizaron a cada administración presidencial entre 2000 y 2026.

GobiernoPrincipales riesgos o controversias vinculadas a conflicto de interésAprendizajes para compliance

 

Ricardo Lagos (2000-2006)Caso MOP-Gate, irregularidades en contratos del Ministerio de Obras Públicas; fortalecimiento posterior de la agenda de probidad.Controles en contratación pública, auditorías y segregación de funciones.

 

Michelle Bachelet I (2006-2010)Chiledeportes, asignación de subvenciones públicas y control del gasto.Transparencia y trazabilidad en el uso de recursos públicos.

 

Sebastián Piñera I (2010-2014)Debate por patrimonio empresarial, fideicomisos ciegos e inversiones privadas.Gestión de intereses económicos de altas autoridades y prevención de conflictos reales o aparentes.

 

Michelle Bachelet II (2014-2018)Caso Caval, financiamiento político (Penta y SQM) y Agenda de Probidad derivada de la Comisión Engel.Declaración de intereses, fortalecimiento de la integridad pública y debida diligencia en relaciones con privados.

 

Sebastián Piñera II (2018-2022)Pandora Papers (Proyecto Dominga), inversiones familiares y cuestionamientos por conflictos de interés.Monitoreo de beneficiarios finales, operaciones con partes relacionadas y gestión reputacional.

 

Gabriel Boric (2022-2026)Caso Convenios (Democracia Viva y otras fundaciones), cuestionamientos en transferencias de recursos públicos, fortalecimiento de controles sobre fundaciones y terceros.Due diligence sobre organizaciones receptoras de fondos, monitoreo continuo y control de convenios.

 

Si analizamos esta tabla, el patrón es inconfundible: los grandes casos no surgen por una carencia legislativa, sino por fallas sistémicas en la gestión de riesgos. Los factores comunes: conflictos de interés no advertidos, debida diligencia insuficiente y falta de trazabilidad; nos dejan una lección contundente.

La vulnerabilidad ante el riesgo de terceros no es exclusiva del ámbito público; las empresas privadas enfrentan exactamente los mismos desafíos. El gobierno, en este contexto, actúa solo como un espejo de cómo un tercero -ya sea un proveedor, un socio comercial o una organización colaboradora- puede comprometer irremediablemente la reputación de tu organización si no se implementa una debida diligencia rigurosa. Si no monitoreas a tus terceros a tiempo, la crisis no será una posibilidad, sino una consecuencia inevitable.

La integridad corporativa no es un destino estático, sino un ejercicio de vigilancia constante. En un entorno dinámico, la proactividad es tu única defensa. ¿Está tu organización preparada para evitar que un tercero se convierta en el origen de tu próxima crisis reputacional? Conversemos, Agenda una reunión con nuestros expertos en Deep Comply y blinda tu gestión mediante monitoreo inteligente.